Viendo a George W. Bush saliendo de su helicóptero presidencial con su perro bajo un brazo tras el período vacacional puede hacerte llegar a pensar que ese hombre tiene un gran aprecio por los animales. ¡Qué gran Presidente debe ser éste! Los americanos seguramente se lo merecen, una persona con gran sensibilidad y afecto hacia los grandes amigos de los seres humanos, no puede escatimar cariño hacia las personas que gobierna en particular y la Humanidad en general, ¿no?

Pero, no debemos engañarnos, éste es un presidente que declaró dos guerras, una en Afganistán y otra en Iraq. En la primera, los talibanes aún campan a sus anchas, las mujeres todavía visten los burkas y aquello parece enterrado por la urgencia de este mundo; mientras que la segunda es una ratonera en la que los distintos grupos étnicos no son capaces de ponerse de acuerdo sobre cómo deberán construir su país para vivir en paz. En Iraq, cada día mueren civiles y soldados norteamericanos, pero este hombre sin ningún género de dudas, una persona preocupada y atenta con los animales.

Su reacción ante la tragedia del Huracán Katrina le sobrevino de la misma forma que el ataque a las dos Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington, completamente fuera de juego. Entonces, el 11 de septiembre de 2001, se encontraba en un colegio, celebrando la apertura del curso escolar, un asistente se le acercó y le notificó que al menos un avión se había estrellado contra una de las torres, mientras que la segunda estaba en llamas. Media hora permaneció con los niños hasta que finalmente corrió a esconderse en algún búnker estatal para que ningún avión comercial de pasajeros lo encontrase y se estrellase contra su posición.

Esta foto realizó el miércoles, 31 de agosto de 2005, cuando Bush decidió suspender sus vacaciones para acercarse a New Orleans y comprobar qué daños había producido el huracán en la ciudad. Bajó del helicóptero con el perro en sus brazos y, acto seguido, Bush tomó el Air Force One para sobrevolar la zona afectada. En el viaje que le llevó hasta allá para comprobar los daños, el presidente de los EE.UU. afirmó que desde allí arriba los daños eran terribles, pero que allí abajo los daños y el horror sería el doble de terrible.

El mejor amigo del perro esperó dos días más para comenzar a enviar ayuda y pasearse por Biloxi, otro de los lugares gravemente dañados por el efecto del huracán, y allí afirmó que la (su) respuesta no era aceptable, aquello fue el sábado. Hoy le llueven las críticas por su impasibidad ante la tragedia humanitaria, pero sencillamente el único ser que realmente le comprende es su perrito y al que le dedica todo su aprecio.