
Es éste el tercer texto que escribo relacionado con Nueva Orleans y lo sucedido con el desastre natural del huracán Katrina y espero que sea el último. Pero, lo abordo con el convencimiento de que es necesario señalar el cambio informativo que se ha producido en un breve lapso de tiempo sobre lo que se cuenta de y desde Luisiana en los medios de comunicación.
Parece ser que una vez que la ciudad está evacuada, al menos ha salido todo aquel que quería realmente salir, que tan sólo permanecen en ella los últimos reductos de ciudadanos que se niegan a abandonarla, la tensión informativa se ha desplazado hacia los muertos. Lo cual no me parece mal, desde luego, son muchos y habrán más de lo imaginable, pero parece que los medios estén deseosos de ofrecernos un recuento final de muertos, como si pudiesen en el plazo de tres días o de cuatro de ofrecer un cómputo global de ellos. Pero si miramos hacia atrás, no demasiado, la experiencia dicta que sencillamente no pueden y deberían tratar de evitarlo.
El hecho de que se hayan destinado a Nueva Orleans 25.000 bolsas de plástico para cadáveres no significa ni mucho menos que hayan 25.000 cadáveres, pero la cifra es aparentemente tan redonda y jugosa que es imposible no transmitirla. En un principio, se había barajado la cifra de 10.000, aunque sólo se reconocen 4.000 de momento, que nos la ofrecieron como si se tratase de carnaza. Sin embargo, hasta dentro de unos meses no podremos abordar la cifra total de muertos tal y como sucedió con el tsunami de Indonesia, por lo que los medios deberían señalar otros puntos informativos. Es como si el árbol no les dejase ver el bosque.
Desde luego que aún hay muchas cosas que detenerse a estudiar como la contaminación del agua, la evacuación obligatoria ya citada, el desastre humano que la destrucción supone, la imprevisión total de las autoridades estadounidenses, el sustrato social de la catástrofe, las consecuencias económicas mundiales, etc... No creo que debamos de centrarnos en las crónicas necrológicas, que son necesarias para ver la dimensión humana de la catástrofe; que lo urgente no nos deje obviar lo importante.
Desde luego que no debe ser sano desayunarse con la noticia de que
Por otro lado, Carme Chacón vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados no debería haber aceptado nunca su participación en el programa. Ella desempeña un puesto institucional que sirve de árbitro en los debates que se desarrollan dentro del Congreso y, aunque evidentemente no lo es, debería desarrollar una actividad de justicia e imparcialidad como representante de una institución tan importante para el correcto desarrollo democrático de la sociedad española.
Viendo a George W. Bush saliendo de su helicóptero presidencial con su perro bajo un brazo tras el período vacacional puede hacerte llegar a pensar que ese hombre tiene un gran aprecio por los animales. ¡Qué gran Presidente debe ser éste! Los americanos seguramente se lo merecen, una persona con gran sensibilidad y afecto hacia los grandes amigos de los seres humanos, no puede escatimar cariño hacia las personas que gobierna en particular y la Humanidad en general, ¿no?